Llega la noche, en donde recogemos lo hecho, pensado, creado, repasado, invertido, hablado, y compilamos las sonrisas de aquellos más necesitados, arrugamos almas en el sentir lo veloz que la vida nos recorre, las alegramos en reflejarnos en la continuidad del estar, y nos centramos para el descanso y la vuelta a seguir.
Un encuentro, un abrazo, un dulce que alegra quien del origen nos precede a la vida, quien con su vida generó otra para tu estar aquí, representando su también historia, su también origen, su educar, su enseñar, su paciencia y amor de ser.
Se regocija reconocernos como continuidad de otros, se es orgullo de ellos, y son nuestro orgullo también, es una recóndita emoción cuando desde el ser, sentimos esa vibración tácita en esa creación donde solo estábamos con el alma.
Se nos engrandece el corazón cuando podemos todavía decir, que nos acostamos habiendo sentido su abrazo, en donde hoy somos los que seguimos, quienes le tendemos una mano para caminar, porque la vida suma y cuenta unos cuantos días, ya unos bastantes, y que por suerte, sigue sumando para poder aún reflejarnos en esa historia de origen, en esa creación que solo la edad nos enseña a entender, y que solo el crecer nos hace entender la importancia de reconocerlos.
Bella la vida, en la grandeza de la naturaleza, mágico el andar en su recordarnos nuestro provenir, nuestra descendencia, y nuestro árbol de vida.
Me acuesto con lo divino de haberme permitido aceptar de donde vengo y levantarme mañana con la ilusión de seguir .
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